4 may. 2011

Julián Cachón González - Corrillos y gentes. Memorias y vivencias de Benavente [2006]


Julián Cachón González: Corrillos y gentes: memorias y vivencias de Benavente. 228 pp. 24x17. Cartón. 2006. ISBN: 84-933594-8-3.


ÍNDICE

Rafael González Rodríguez:
"Julián Cachón o el beneficio de la memoria".

Presentación del autor.

El café de la Rúa.
El Imperial.
Bar Alhambra.
La Ibense.
El último portazgo.
Ferias y mercados.
El zapatero.
Ventas y mesones.
Mesón de Santa Cruz o del Conde.
De las tiendas al Súper.
Los baños de la Ría.
Los baños de la Condesa y La Ventosa.
Alabado sea el Sántisimo.
Cantarero; treinta varas y nueve rocinantes.
¡Alto a la derecha! ¡Adelante a la izquierda!
En el Puente del Duque, alemanes y harina de Campos.
Día de la Veguilla, 1950. Medio siglo contemporáneo.
De la tisis del Conde.
El Conde de Patilla y los topos.
Caciqueos en la Villa s. XIX (I - III).
¡El gordo en Correos!
El oro de Prim, pagó fielato en la Villa.
Aseada entrada al Reino de los Cielos.
Guardas de dehesas.
Cuando la Dehesa de Socastro era virgen.
Requiem por la dehesa.
Doce uvas pasas.
Los botos de nonnato.
Conde, Alcalde, Obispo, y los pantalones de Morán.
Un Topolino a caza del Buick
Fiestas y ética.
Te dejo mi cacha y... ¡¡firme, cierra el paso al toro!!
El otro toro.
De la sequía del cuarenta y cinco.
1945. El año ruin.
El año ruin. La electricidad.
El año ruin. Antecedentes del agua pública en la villa.
Raíces montaraces.
"Es por el melote que hacía..."
Don Toribio.
Gasolina a sesenta y dos céntimos el litro.
La larga noche de julio.
Seres con acento.
Del ordinario a Valladolid.
Saludando caminos al galopar.
El coche de línea a Valladolid y Zamora.
Omañas: coches de punto.
La montaña: joya del Condado (I y II).
Plaza de Toros (I - IV).
Felipe Hernández, "El chulo"... y se rompió el molde.
Un rejoneador muy benaventano.
Lo que de la Vega se fue (I - VI).

Julián Cachón o el beneficio de la memoria

Hablar de Julián Cachón González (Benavente 1930) es hacer referencia a una parte destacable de nuestra memoria viva. Alcalde de nuestra villa entre 1967 y 1973, Procurador en Cortes por el Tercio Familiar de la provincia de Zamora (1967-1971) y Diputado Provincial por el Partido Judicial de Benavente (1967-1974), su destacada trayectoria pública y sus vivencias personales y familiares le han proporcionado un privilegiado conocimiento de los entresijos de la vida local benaventana. Fueron, en todo caso, años difíciles para el ejercicio de cualquier actividad pública, no digamos ya de la política, incluso para un modesto municipio “de provincias”. Años en los que resultaba arriesgado compaginar el servicio y la dedicación a los convecinos con una cierta independencia de las presiones y directrices del régimen.
Benavente vivía entonces las secuelas de la época del “Desarrollismo”, que había operado una profunda transformación de la sociedad española, aunque no exenta de sus contrastes y desequilibrios. Una localidad de pequeño tamaño, cabeza de una extensa comarca de orientación claramente agrícola y ganadera, comenzaba a ser ciudad y aspiraba, por tanto, a disfrutar de los servicios e infraestructuras inherentes a cualquier núcleo urbano. El paso de Julián Cachón por el consistorio coincidió con este momento crucial y, según confiesa, su labor se orientó desde el primer momento a poner las bases para hacer posible ese cambio. Lo cierto es que, a pesar de las menguadas arcas y no pocas zancadillas, los benaventanos pudieron asistir a una profunda transformación del entramado urbano. Se renovó el abastecimiento de aguas y la red de alcantarillado, la pavimentación de las calles se extendió a los barrios de la ciudad, se modernizó el alumbrado público, se inauguró el Parador de Turismo y se puso en marcha el Hospital Comarcal. En el capítulo cultural, debe destacarse la primera reedición de la Historia de Benavente de Ledo del Pozo y la puesta “a buen recaudo” de los pergaminos originales de los privilegios medievales de la villa.
Pero Julián Cachón hace mucho tiempo que está fuera de los ruedos de la política y ve las intrigas y miserias de la actualidad cotidiana desde la distancia que le proporciona su dilatada experiencia, desde los años vividos. Colaborador habitual desde hace más de un lustro en el semanario “La Voz de Benavente y los Valles”, el presente libro es una selección de algunos de sus artículos más destacados.
Aunque, probablemente, en su ánimo inicial no estaba proporcionar una antología acabada, con una unidad o lógica interna, lo cierto es que una vez recopilados todos estos testimonios se configura una estampa sistematizada y coherente de un Benavente que se remonta, al menos, a finales del siglo XIX. Porque la memoria de Julián Cachón va mucho más allá de sus años de actividad política, alcanzando el siglo XIX, pues convivió y departió largamente de joven con personajes, entonces de edad ya provecta, que conocieron aquellos vibrantes momentos y le transmitieron un legado que ahora el autor nos brinda, para perpetuar la memoria de un Benavente que ya no existe, pero que hace inteligible nuestro presente.
Los estertores del caciquismo decimonónico, las intrigas electorales de la Restauración, el protagonismo de una burguesía ya decadente que se aferra a sus glorias pasadas, la dictadura de Primo de Rivera, los años convulsos de la II República y la Guerra Civil, las penurias de la Postguerra, los años sesenta y setenta, el desarrollo económico y el desembarco de los tecnócratas. Todos estos momentos significativos de nuestra historia reciente tienen su fiel reflejo en la vida cotidiana benaventana, y emergen del olvido a través de este rosario de artículos.
El autor hace gala de una memoria prodigiosa, casi fotográfica, y no precisamente selectiva. Es capaz de recordar en toda su frescura nombres, fechas, precios, edificios, iglesias, monasterios, calles, plazas, pero sobre todo ambientes. Reconstruye con precisión genealogías, familias, trayectorias humanas, negocios, oficios y beneficios, triunfos y fracasos. Una fauna que sabe situar en su paisaje natural, en su contexto histórico, en la coyuntura nacional, y aún en la internacional. Nos presenta unos finos retratos de personajes y acontecimientos cotidianos que parecen revivir en su pluma con clarividencia. A ello se añade un estilo literario personal e intransferible, de gran fluidez y que sabe separar el grano de la paja. Todo ello aliñado por pinceladas irónicas y costumbristas, que invitan a concluir que no hay nada nuevo bajo el Sol, y obstinadamente se repiten la mismas virtudes y defectos con que nos adornamos todos los mortales.
En su relato, aunque quedan patentes las diferencias de clase entre los benaventanos de entonces y el abismo entre prosperidad y miseria, no se dejan entrever apriorismos sociales. Julián nunca ha tenido prejuicios para tratar con todas las personas que le brindaron su amistad o simplemente su tiempo. Por eso, en estas estampas encontramos radiografiado todo el panorama social: los terratenientes, la burguesía comercial y de negocios, los políticos locales y regionales de la época, el “servicio doméstico”, los agricultores, los artesanos, el proletariado, hasta los personajes populares de la calle.
No podrá juzgarse esta aportación como si la obra de un historiador se tratara, y mucho menos aplicársele el rigor academicista. El libro de Cachón no es un libro de historia, sino de vivencias; es en sí mismo una fuente de primera mano. Sus comentarios y reflexiones personales sobre el ayer y el hoy se podrán compartir o no, pero se ponen sobre la mesa con honestidad. Su narración resulta especialmente interesante si tenemos en cuenta que la mayor parte de las figuras y paisajes que trae a colación los conoció personalmente.
Porque, como se anuncia en el epígrafe que preside este prólogo, Julián goza del beneficio de la memoria. Se ha pateado de arriba abajo la geografía benaventana. Conoció por razones familiares, laborales, y por otros muchos motivos, los principales pagos de su contorno, en particular sus últimas dehesas, reductos postreros del esplendor de los Condes de Benavente: El Tamaral, El Bosque, Ceginas, Mosteruelo, Malucanes, La Montaña, Brive, Socastro, etc. Es un testigo de excepción de las
transformaciones de la villa y comparte, como otros muchos de nosotros, el pesar por el ensañamiento con nuestro patrimonio histórico-arquitectónico. Conserva, a modo de reliquias, viejas fotos y postales, pruebas de cargo de ese expolio inmisericorde. De hecho, no menos interesante que el texto es el repertorio fotográfico que acompaña a cada uno de sus artículos, con varios testimonios gráficos absolutamente inéditos, procedentes de su álbum familiar o cortesía de diferentes personas.
Imágenes que nos sumergen directamente en los ambientes de aquel polifacético Benavente, ya irrepetible e irrecuperable.
Agradezco al autor su amable invitación para prologar el libro que el lector tiene entre sus manos. Supongo que el reconocimiento a una tarea cuyo único mérito ha sido el de recuperar y seleccionar los textos y rebuscar entre viejas fotos, en algún caso con leves correcciones de estilo a las que Julián se ha sometido disciplinadamente. Es cierto que la labor técnica y de maquetación no ha sido pequeña, teniendo en cuenta que el autor ha sido ajeno a los avances de la informática y es fiel a la tradición manuscrita y mecanográfica. Por ello sería injusto no reconocer la colaboración constante de “La Voz de Benavente y los Valles” para llevar a buen puerto esta empresa. Quizás mi única contribución ha sido mi convencimiento de que tal cúmulo de vivencias no podía perderse, o quedar relegado a los oscuros anaqueles de una hemeroteca, y debían ofrecerse bajo la forma de un libro. En cualquier caso, me ha regalado con su amistad y he podido compartir con él entrañables mañanas de otoño e invierno para intercambiar impresiones sobre los pormenores de este libro, pero también para hacerme partícipe de sus inquietudes y de sus reflexiones sobre el ayer y el hoy de nuestra villa.
El Centro de Estudios Benaventanos “Ledo del Pozo” se congratula al incluir este nuevo título editorial en su catálogo. Culmina así una estrecha relación con el autor que se remonta a bastantes años atrás. Fiel y asiduo seguidor de nuestras actividades, en 1996 fue uno de los artífices necesarios en la edición de los Privilegios Reales de la Villa de Benavente, siendo entonces presidente del Círculo de Benavente, popularmente conocido como “El Casino”. Su colaboración desinteresada ha sido también crucial para afrontar publicaciones como Recopilación fotográfica sobre el patrimonio histórico-artístico de Benavente (1991), El Castillo de Benavente (1998) o la exposición y el catálogo de Más vale volando(1998), con motivo del VI Centenario de la creación del Condado de Benavente.
Para concluir, y ofrecer al lector un titular de lo que va a encontrar en las páginas que continúan estas líneas, no puedo por menos que parafrasear al propio autor en uno de sus artículos: ¿Pensaron que íbamos a hablar de política? Es más bello, sublime, poético, hablar de vidas, hechos y gentes. Historia.

RAFAEL GONZÁLEZ RODRÍGUEZ
Centro de Estudios Benaventanos
“Ledo del Pozo”

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